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Me vi sonriendo

Relato parte del libro «Despertar a oscuras» de Damián Furfuro

Anoche soñé que volvía a ser un niño, corriendo entre colinas sobre una pradera. Corrí con el viento en mi rostro, la nariz fría y los ojos llorosos. Corrí como hace tiempo no lo hacía. Sin escapar de nada y sin esperar llegar a ningún lado. Había otra vez alegría en mi rostro, me vi sonriendo, libre en el viento.

Solo las colinas y yo bajo el cielo gris y cargado justo antes de llover. El cielo que más me gustaba de chico, el que más esperaba y disfrutaba. Cuando los truenos amenazan y la lluvia es inminente. Corría. Pero no como lo hago ahora de adulto para escapar de la lluvia. Corría a alcanzarla, quería que me acompañe y que corra conmigo.

Entre el césped, la lluvia y el viento, experimenté una gran armonía con el mundo que me rodeaba como no recuerdo haber sentido antes. Sentía quietud en mi interior, una profunda sensación de paz, una completa despreocupación por todo. Me deslizaba por la pradera como una fragata sobre el mar solo pudiendo ver el horizonte. Sintiendo una gran satisfacción de entender lo lejano e inalcanzable como algo hermoso al mirar esa línea final que separa el cielo de la tierra.

Luego de correr y ya cansado, la pradera se convertía en un alto acantilado frente al mar. Bajaba la vista y podía ver las olas rompiendo contra grandes rocas gastadas. Estaba al filo del vacío y no sentía la más mínima presencia de miedo. Siempre sufrí de vértigo, pero no en esos momentos. En ese mundo de ensueños nunca había sufrido nada que me lo produjera.

Hoy, mientras escribo estas líneas, podría pensar que ya he estado ahí y no lo recuerdo. Que cada lugar y cada momento pueden haber sido partes de situaciones reales, algo alteradas, pero posibles. Como trozos unidos con el propósito de formar una escena perfecta de los recortes más preciados. Pero ese cielo y ese mar de mi sueño no se me hacen conocidos.

Luego de largo rato de apreciar extasiado el horizonte comencé a sentir tristeza al darme cuenta de que la pradera se había terminado y que me encontraba ante ese final. Sabiendo que no podía volver atrás y que había recorrido un largo camino para llegar hasta ahí. Me vi triste, como sintiendo el principio del fin. Ya no me sentí más un niño ante ese acantilado que solo me permitía ver el océano tan desmesurado como inaccesible.

Sentí desilusión, la lamentable y total certeza de saber que algo es imposible. Al menos no sin llegar al mar por medio de una caída y una muerte segura. Con esto, la alegría que me había llenado el corazón mientras corría, toda esa ilusión y felicidad se transformaron de forma cruel. Con lágrimas en mis ojos sentía cómo toda una vida de total desesperanza y resentimiento se hacían presentes.

Mi conciencia, hacía unos instantes infantil y despreocupada, se me presentaba ahora como vieja y torturada, atormentada por el sufrimiento y las frustraciones. Todo eso me pesaba, me hacía viejo y vencía mis fuerzas. Mis piernas cedían, perdía por completo el control y me sentía caer hacia las rocas.

Ahora que todo terminaba, al fin lo entendía. En el momento en que caía, en ese mínimo lapso de tiempo, pude contemplar cómo todo el sufrimiento de una vida se transformaba en belleza. Aprecié cada día, cada instante, los momentos difíciles, cada detalle de mi vida. Entendí que todo debe tener un fin para que pueda ser apreciado. Al caer sentí la belleza de la sublime brevedad que encierra la vida, me vi sonriendo y me sentí completo, luego desperté.

Relato parte del libro «Despertar a oscuras» de Damián Furfuro
Portada de "Despertar a oscuras"
Portada de “Despertar a oscuras”
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«Despertar a oscuras» es mi primer libro de relatos publicado en español, y está disponible en Amazon.

Los catorce relatos que forman este libro tratan sobre las aventuras de la infancia; lidiar con los desencuentros; las separaciones que se generan tanto con la distancia como con el paso del tiempo; la perdida de lo más querido y los inesperados reencuentros. Los protagonistas de estas historias a veces sienten que la esperanza está perdida, que se acabó el amor, que su mundo se cae a pedazos. Pero movidos por un fuego interno, logran encontrar nuevas fuerzas para recuperar lo perdido y entender de que están hechos en lo más profundo de su ser.

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