Five essential of English literature converted into films and…

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English literature has proven to be one of the most important of all time. It had its splendor in the middle of the Victorian era during the nineteenth century. But we are still in contact with many of the classics of that golden age thanks to their transformation into new successes in film and television.

    In these times of abundant consumption of series and films, giants of the audiovisual industry such as Netflix and Amazon never tire of generating content based on stories taken from this literature. Below I will highlight five essential works from English literature that have been well adapted for the big screen or television.

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Awakening in the Darks

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I present my book “Awakening in the Dark”. Which will be on sale from December 10, 2019. We have been working for some time with Jessica from the independent publisher “Niña Pez Ediciones”. It will contain what I think are my best stories. Some stories that I write to stop them from chasing me. Some small pieces of my soul that most of the time resist being captured. We hope to have it ready soon.

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“La campana de cristal” de Sylvia Plath


“Vi a mi vida desarrollar ramas que se extendían ante mí como el árbol de higo de la historia. De la punta de cada rama, como un higo gordo y morado, me llamaba y guiñaba un hermoso futuro. Un higo era un esposo y un hogar feliz con hijos, otro higo era ser una poetisa famosa, otro higo era ser una brillante profesora, otro higo era Ee Gee (la maravillosa editora), otro higo era Europa y África y América del Sur, otro higo era Constantin y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco convencionales, otro higo era un campeonato olímpico y debajo de éste y encima de los otros se extendían más higos que no alcancé a descifrar. Me vi a mí misma sentada al pie del árbol de higo, muerta de hambre porque no podía decidirme por uno de los higos. Los quería todos pero elegir uno significaba perder todos los demás y mientras me sentaba ahí sin poderme decidir, los higos comenzaron a arrugarse y a volverse negros para ir cayendo uno a uno ante mis pies”.
“La campana de cristal” (fragmento) de Sylvia Plath.

“De la trama al relato” de Irene Klein (Comp.)


Existe una mitología muy extendida que entiende a la creación literaria como el resultado de la súbita inspiración del escritor. Esta concepción romántica del hecho creativo aleja a la obra de su productor, pues su origen queda oculto en la ´llamada de las musas´.
    Entender a la escritura como un proceso, por el contrario, permite situarla en el lugar del trabajo. Como señala Joyce, cada obra literaria es un “work in progress”, en donde deben ponerse en juego diversas facetas que acompañan el proceso de escritura: la planificación, la corrección, la investigación. Identificar los mecanismos de construcción de los textos, reconocerlos y dominarlos es lo que le permite al escritor ser quien conduzca, efectivamente, su escritura en función de sus objetivos.
    De la trama al relato. Teoría y práctica del taller de escritura reúne y analiza experiencias de trabajo que van desde la crónica urbana hasta la entrevista, pasando por el cuento, la novela, la autobiografía y el diario de escritor. También aborda cuestiones fundamentales para la creación literaria: la observación, la construcción del verosímil, el extrañamiento, la creatividad.
    Fruto de una experiencia de muchos años, el libro reúne trabajos de investigación en torno a la enseñanza de la escritura en la Universidad, pero su utilidad no se limita a este ámbito. Los textos que forman parte de este libro son una herramienta fundamental para todo aquel que busque abordar la práctica del taller de escritura —en los claustros, pero también en espacios informales, en otros niveles educativos, individualmente— de una manera integral: no solo a través de la práctica, sino también desde el fundamento de la teoría.
Libro: De la trama al relato.
Autor: Irene Klein (Comp.) 
Editorial: La parte maldita
Género: Ensayo
Páginas: 278
Fecha de Publicación: 12-2018
ISBN: 978-987-3897-21-4
Formato: 20 cm x 14 cm.

“Un cuarto propio” de Virginia Woolf

 
Pero, dirán ustedes, nosotros le pedimos que hablara sobre las mujeres y la novela, ¿qué tendrá eso que ver con un cuarto propio? Intentaré explicarlo. Cuando me pidieron que hablase sobre las mujeres y la novela me senté en la orilla de un río y me puse a pensar lo que esas palabras querrían decir. Podían significar simplemente unas observaciones sobre Fanny Burney; otras sobre Jane Austen; un tributo a las Brontë y un esbozo de la casa parroquial de Haworth bajo la nieve; algunas eventuales ironías sobre Miss Mitford; una respetuosa alusión a George Eliot; una referencia a Mrs. Gaskell y asunto concluido. Pero repensándola bien, la empresa no me pareció tan sencilla. El tema Las mujeres y la novela puede querer decir, y ustedes pueden querer que quiera decir, las mujeres y lo que parecen; o si no las mujeres y las novelas que escriben; o tal vez las mujeres y las novelas que se escriben sobre ellas; o esas tres cosas inextricablemente mezcladas, y esto último puede ser lo que ustedes quieren que estudie. Pero, al disponerme a adoptar esa interpretación, que me parecía la más interesante de todas, pronto advertí que tenía una desventaja fatal. Nunca podría llegar a una conclusión. Nunca podría cumplir lo que es, entiendo, el primer deber de un conferenciante: ofrecerles después de una hora de charla una pepita de verdad pura, que ustedes envolverían en las hojas de sus libretas y guardarían eternamente sobre el mármol de la chimenea. Sólo puedo ofrecerles una opinión sobre un tema menor: para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio; y eso, como ustedes verán, deja sin resolver el magno problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela. He eludido el deber de arribar a una conclusión; las mujeres y la novela son dos problemas que no he resuelto.
“Un cuarto propio” (fragmento del libro) de Virginia Woolf.

“Los sujetos trágicos – literatura y psicoanálisis” de Ricardo…



Los escritores han sentido siempre que el psicoanálisis hablaba de algo que ellos ya conocían y sobre lo cual era mejor mantenerse callado.
    El psicoanálisis quiere oír la voz secreta que los escritores, desde Homero, han convocado, con la rutina solitaria con la que se convoca a las musas; una música frágil y lejana que se entrevera en el lenguaje y que siempre parece tocada por la gracia.
    Los escritores intentan (muchas veces sin éxito) oír el canto sereno y seductor de las sirenas y poder después decir lo que han oído. En esa escucha incierta, imposible de provocar deliberadamente, en esa situación de espera tan sutil, los escritores han sentido que el psicoanálisis avanzaba como un loco furioso. 
    En medio de la crisis generalizada de la experiencia el psicoanálisis trae una épica de la subjetividad, una versión violenta y oscura del pasado personal. Nos convoca a todos como sujetos trágicos; nos dice que hay un lugar en el que somos sujetos extraordinarios, luchamos contra tensiones y dramas profundísimos, y esto es muy atractivo 
    James Joyce constituyó la relación con el psicoanálisis como clave de su obra. No en los temas: No se trataba de refinar la caracterización psicológica de los personajes, como se suele creer trivialmente, que sería el modo en que el psicoanálisis ayudaría a los novelistas. No: Joyce percibió que había ahí modos de narrar y que, en la construcción de una narración, el sistema de relaciones que definen la trama no debe obedecer a una lógica lineal y que datos y escenas lejanas resuenan en la superficie del relato y se enlazan secretamente. 
    Joyce mantuvo otra relación con el psicoanálisis. Su hija Lucía terminó psicótica, murió internada en 1962. Joyce fue a ver a Jung para plantearle el dilema de su hija. “Acá le traigo los textos que ella escribe, y lo que ella escribe es lo mismo que escribo yo”. Entonces Jung le contestó: “Pero allí donde usted nada, ella se ahoga”. Es la mejor definición que conozco de la distinción entre un artista y … otra cosa, que no voy a llamar de otro modo que así. 
Los sujetos trágicos – literatura y psicoanálisis (fragmento) de Ricardo Piglia.

“Enrique Martín” de Roberto Bolaño

Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte. Conocí a Enrique Martín pocos meses después de llegar a Barcelona. Tenía mi edad, había nacido en 1953 y era poeta. Escribía en castellano y catalán con resultados esencialmente idénticos aunque formalmente disímiles. Su poesía en castellano era voluntariosa y afectada y en no pocas ocasiones torpe, carente de cualquier atisbo de originalidad. Su poeta preferido (en esta lengua) era Miguel Hernández, un buen poeta que ignoro por qué razón gusta tanto a los malos poetas (arriesgo una respuesta que me temo incompleta: Hernández habla de y desde el dolor, y los malos poetas suelen sufrir como animales de laboratorio, sobre todo a lo largo de su dilatada juventud). En catalán, en cambio, su poesía hablaba de cosas reales y cotidianas, y únicamente la conocíamos sus amigos (lo que en realidad es un eufemismo: su poesía en castellano probablemente también la leíamos sólo los amigos, la única diferencia, al menos en cuanto a lectores se refiere, era que la poesía en castellano la publicaba en revistas de tiraje ínfimo que sospecho sólo nosotros examinábamos y en ocasiones ni siquiera nosotros, y las escritas en catalán nos las leía en los bares o cuando visitaba nuestras casas). Pero el catalán de Enrique era malo -¿cómo podían los poemas ser buenos sin dominar el poeta la lengua en que los escribía?; supongo que eso entra en el apartado de los misterios de la juventud.
Enrique Martín (fragmento) de Roberto Bolaño.