Narrative

María

Despierto de madrugada alterado y con una sensación extraña, como cuando se tiene una sueño perturbador por la noche, pero no se lo puede recordar al despertar. María duerme a mi lado, apenas hay luz en el cielo, el sol no ha salido todavía. Estoy muy alterado para seguir durmiendo, me levanto y me voy a la sala, me recuesto en el sillón y me quedo pensando. Trato de ordenar mis pensamientos y entender porque podría haberme despertado tan alterado. Esto no me pasa desde las primeras semanas en la clínica. Ese pensamiento me lleva, sin poder evitarlo, a recordar como me sentía en esos primeros días internado. 
  Recuerdo que sentía estar viviendo, percibiendo al mundo a través de un velo. A través de un filtro de ansiedad, angustia, ansiolíticos y antidepresivos. Hoy ya no podría identificarme por completo con él que estaba en esa habitación, en ese piso, en esa clínica. No podría identificarme cuando caí al piso sufriendo un ataque de pánico meses atrás, sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Ni cuando soporté por años un trabajo que detestaba, sin hacer mucho al respecto para cambiarlo. 
  Si voy más atrás en el tiempo, ya no soy el mismo que se paró delante de la tumba de Amadeo para decirle adiós y no volver a verlo nunca más. Ni el que vio a Aldana desvanecerse ante mis ojos mes tras mes mientras el cáncer la consumía. Tampoco el que abandonó la casa del campo sintiendo el dolor de dejar atrás parte de sí. 
  Esta mañana me siento despertar de un sueño eterno que ha durado toda mi vida. Ahora puedo sentir, respirar, vivir sin un velo por delante. Ante el examen de escribir día tras día, puedo ahora ver que siempre me sentí un pez que se dejó arrastrar por la corriente. Viví dentro de una gran confusión durante años, en medio de una muchedumbre a la que nunca pertenecí. Entre ideas ajenas, dogmas heredados y propósitos impuestos. Aceptando ridículas curriculas solo para rendir exámenes inútiles. Corriendo contra reloj para cumplir con tareas sin sentido. Con el único y frustrante objetivo de sobrevivir en este mundo.  
  Esta mañana me doy cuenta de que yo no era esa persona, porque yo en realidad no me conocía. Nunca me reconocí en ninguna de esas vivencias. Hace poco tiempo que he comenzado a preguntarme por primera vez en mi vida quien soy en realidad. Si soy sincero, la única respuesta que puedo darme hoy, es que no lo sé todavía. Pero no dejaré de buscar la respuesta hasta encontrarla.
  Me pregunto con total incertidumbre ¿Cómo seguir adelante desde este momento? Ya no podría seguir meciéndome por las mismas corrientes que antes. Me es evidente que esa vida de sobrevivencia ha terminado. Un nuevo yo ha nacido, y ese que fui antes ya está muerto. Me quedará su recuerdo y le estaré por siempre agradecido. Ese que antes fui debió caer en lo más profundo, tocar fondo y yacer; para que yo pudiera apoyar mis pies en las profundidades, impulsarme hacia la superficie y lograr sobrevivir. 
    La ansiedad me domina y no puedo dejar de pensar. Pero no es una ansiedad extrema y angustiante. Es una que puedo manejar y me impulsa a querer hacer algo con esa energía que ella me provee. Voy por una libreta y me pongo a escribir. Es lo único que puedo hacer con estos pensamientos. 
  Me dejo arrastrar por mi imaginación y de repente me veo en la playa. Es una tarde de cielo despejado de noviembre, la recuerdo como una escena del pasado. Me veo a mí junto a María sentados cerca de la orilla entre el sonido del oleaje, y veo que le estoy contando algo. Le digo estas palabras:
  Recuerdo que vivíamos cerca desde pequeños, aunque apenas nos conocíamos. En un acto escolar nos tocó estar juntos, te vi nerviosa por estar en medio de tanta gente. Te conté un chiste tonto aunque no recuerdo que te dije. Pero te hice sonreír y me regalaste por primera vez una sonrisa.
  Luego de eso nos cruzaríamos cada tanto, de forma intermitente en el camino del otro. Pero no podríamos aprovechar de esos encuentros ocasionales. Porque no sabíamos por lo que estaba pasando cada uno. Nos cruzábamos a veces en el trasporte yendo a la escuela, pero siempre de mañana, cuando es demasiado temprano para hablar. Hubiera sido lindo que de adolescentes me hubieras contado de tus penas y yo de las mías. No nos decíamos nada, quizás no hubiéramos sabido como hacerlo. Nunca es fácil hablar de esas cosas.
  Pasaran años hasta que otra vez nuestros caminos se cruzaron. Recuerdo que vi en tus ojos algo que no podría explicar. Las palabras nunca serán suficientes para descifrar esas corrientes que nos recorren por dentro. Está vez me animé a hablarte y me aseguré de que volveríamos a vernos. Caminamos por la orilla de la playa y vimos el atardecer juntos. Sentí que nunca sería suficiente el tiempo contigo. Me dejé llevar de la mano a donde quiera que fueras, porque nunca me sentí más vivo que a tu lado. 
  Pero tiempo después fui un imbécil. Puse distancia, excusas y años entre nosotros. Fui presa del miedo y vagué solo como un tonto. Aunque las corrientes en mi interior me decían que no me alejé de vos. Igual lo hice, quizás para aprender alguna lección, alguna necesaria para el futuro. Hasta que la fatalidad se cruzó en nuestro camino. Cuando me enteré corrí a a tu encuentro aterrado, temiendo que ya fuera tarde. Entendería entonces que prefería irme contigo de este mundo, donde no habría lugar para mí sin vos a mi lado. 
  Cuando te recuperaste me sentí renacer. Por primera vez experimenté una certeza que mataba todos mis miedos. Ya no podría nunca alejarme de vos. Te acompañé día y noche mientras te recuperabas. Entonces hasta las más pequeñas separaciones dolerían. Ya no soportaríamos alejarnos uno del otro y lo decidimos. Necesitábamos comenzar una nueva vida juntos.
  Desde entonces pasaríamos todo tipo de momentos, de los buenos, los malos, los difíciles y los peores. Pero ninguna fuerza en esta tierra lograría separar nuestros corazones. Tuvimos siempre una conversación sin fin, que casi parecía eterna, que había comenzado desde hacia años en el pasado, y que seguiría por siempre.
  Por último, antes de abandonar la playa le digo esto último:
Te amo tanto que me duele admitirlo, siempre tendré miedo de decirlo en voz alta, por temor a despertar de este sueño que es estar contigo.


Luego mi viaje me lleva a otro momento. Es el nacimiento de mi hijo mayor. Lo tengo en brazos, es apenas un bebé y duerme. Mientras siento su respiración y sus latidos en mi pecho le digo:  
  Te amo y no quiero que alguna vez te pase algo malo. Por eso habrá veces en que me equivocaré, exageraré y seguro seré demasiado severo. Me costará saber cuando debería relajarme, dejarte crecer en paz y darte solo palabras de aliento. A veces solo podré regañarte y decirte que deberías hacer. En vez de contarte que yo me equivoqué mucho más que vos a tu edad, y que no tengo derecho alguno a reclamarte nada. 
  Tendrás muchas cualidades de las que yo careceré, por eso te admiraré y aprenderé de vos a diario. No quiero que nunca me tengas miedo, porque a todo lo que se le teme se lo terminado odiando y en verdad preferiría la muerte antes que sentirte odiarme. 
  Quiero ser el mejor padre que pueda ser para vos. Y para eso te necesito, porque antes tengo que lograr ser el mejor hombre que pueda. Y no hay en este mundo otra persona mejor que vos para ayudarme a conseguir eso. 
  Si debiera marchar junto a alguien a través del mismo infierno, sin duda alguna sería contigo. Porque confío en vos como nunca confíe en otro ser sobre esta tierra. Te amo y necesito tu presencia a mi lado. Porque es lo más valioso que podría atesorar por el resto de mi vida.


El viaje me lleva a otro momento y lugar. Pero este no puedo reconocerlo, es algo extraño e indescifrable. Siento que a mis pies se elevan largas columnas del gastado mármol de todos los tiempos. Me llevan a lo más alto y desde el infinito, plagado de galaxias, siento que puedo verlo todo y parte de un todo soy. Siento en mis manos miles de palabras por salir para ser escritas. Algunas cuentan días de aventuras y anécdotas. Otras cuesta desenterrarlas, porque desgarran y lo dejan todo agrio y ocre. 
  Mis ojos ven al mundo en su completa dimensión, con todas sus aristas y tangentes. Siento que conozco los distintos personajes anónimos que poblaron todos los tiempos, una gran historia conjunta llamada vida. En mi mente las ideas se juntan, fermentan, salen despedidas, desparramadas en completo caos. Pero que lleva en sí el más exacto significado de lo que siento. 
  Vivo más de una vida en el mismo momento. Soy otro, veo por sus ojos, sufro sus dudas, sus penas, sus pérdidas. Siento el barro fresco en mis manos, que nace, vive y muere. Luego soy polvo que vuela arrastrado por el viento, que nunca cae y solo se eleva.